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Día sin compras 2009

Viernes 27 de noviembre de 2009, por Administradora de la web

Desde 1992 se celebra los últimos viernes de noviembre “el Día Sin Compras”.Por medio de actividades lúdicas y de información, pretende concienciar acerca de las consecuencias del modelo de sobreproducción y sobreconsumo de los países ricos.El cambio climático, el aumento del hambre (1.200 millones de seres humanos), o la crisis económica, nos recuerdan que perpetuar el crecimiento económico infinito, además de ser imposible, es el camino más corto y seguro a la hecatombe.

El mismo sistema económico basado en el petróleo, la extracción desorbitante de recursos naturales y por cuyo control se desatan conflictos y guerras, generador de ingentes cantidades de residuos, pésimamente tratados y que contaminan, tiene como último eslabón el patrón de consumo de las sociedades de los países occidentales, justificándolo y retroalimentándolo.
Un estilo de vida irresponsable, indolente, insostenible e insolidario.Siendo conscientes de este hecho, replanteándonoslo y cuestionándolo, para tomar partido por alternativas de ser, estar y consumir, no sólo nos encontraremos ante una obligación moral, sino ante la imperiosa necesidad de no sucumbir a la misma crisis pero con diferentes caras (financiera, económica, ambiental, política y espiritual) que amenaza con llevar a la humanidad a la autodestrucción.

Las políticas económicas de los gobiernos (con los consabidos retoques que para nada cambian las causas, ni a los actores responsables de la crisis), la lucrativa industria de la publicidad (engañosa y transmisora de los peores valores, entre estos la competitividad, la velocidad, el elitismo y el sexismo) y los medios de comunicación de masas, animan constantemente al consumo, obviando deliberadamente los límites físicos y de carga del planeta, engendrando una especie de ilusionismo portador de destrucción ambiental, injusticia, infelicidad y pérdida de identidad.

Detrás de cada lata de atún, de una bolsa de plástico, de unas fresas de invernadero, del teléfono móvil de última generación, de un mueble, de un ambientador químico, o del flamante coche, suele haber una triste historia de violación de los derechos humanos, esquilmación de recursos naturales, contaminación, explotación laboral, competencia desleal.En ocasiones, la larga exposición o manipulación de algunos bienes en nuestros confortables hogares o lugares de trabajo, pueden llegar a poner en riesgo nuestra salud.

Cubiertas las necesidades básicas materiales, intelectuales y socio-afectivas, es posible la contención y la austeridad, sin merma alguna de la calidad de vida.Hay que reducir los niveles de consumo, prescindir de lo superfluo y valorar mucho más otro tipo de indicadores, que la macroeconomía margina (relaciones personales, ayuda a colectivos dependientes, cuidado y disfrute de la naturaleza, cultura...)

Por eso consumir, de agente destructor, puede convertirse en agente de denuncia y cambio, en pro de un mundo más sostenible, justo y pacífico.
Aunque seguramente no esté en nuestras manos –al menos de momento- alterar las antidemocráticas reglas del sistema comercial global, tenemos y debemos mucho que decir, y es en nuestras elecciones de compra y pautas de consumo donde se nos presenta la oportunidad de denunciar situaciones de deterioro ecológico y abusos de todo tipo, presionar a los fabricantes y distribuidores para que revisen sus planes y estrategias, e influir en los gobiernos para que crean marcos de regulación (con la debida participación ciudadana) que tengan en cuenta el respeto al medio ambiente, el papel de la economía local, los derechos sociales y laborales, la igualdad de género, la soberanía alimentaria, y la seguridad de las/os consumidoras/es, cuando cualquier producto, artículo o servicio sea puesto en el mercado.

El Dia Sin Compras es una inmejorable oportunidad para boicotear, aunque sólo sea por un día, el consumismo hedonista.Pero darle continuidad los 364 días restantes del año es el mejor pacto que podemos hacer con nosotras/os mismas/os y con el planeta, para vivir mejor con menos.

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