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El bidón radioactivo de Villar de Cañas llega a Campo de Criptana

Miércoles 11 de septiembre de 2013, por Administradora de la web

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La Plataforma Contra el Cementerio Nuclear ha iniciado una campaña para llamar la atención sobre el peligro de contaminación radiactiva que amenaza las aguas del río Záncara y de los acuíferos por los que discurre (19 y 23). Esta campaña comenzó el pasado 28 de Julio en Villar de Cañas, sobre el puente de la carretera de Casalonga, donde los participantes de la ecomarcha-bicifestación organizada por Ecologistas en Acción, desplegaron sus pancartas y ubicaron un bidón “radiactivo” que, de forma simbólica y a modo de testigo, irá pasando de pueblo en pueblo ribereño en el sentido de la corriente.

El bidón entró en la provincia de Ciudad Real por Socuéllamos el pasado día 29 de Agosto, deteniéndose días más tarde en Pedro Muñoz, a la altura del puente de San Miguel, muy cerca de la abandonada estación de ferrocarril del Río Záncara, lugar propuesto en la memoria presentada por Villar de Cañas como punto de descarga de los residuos altamente radiactivos [1], muy probablemente aquellos procedentes de las centrales nucleares del arco mediterráneo con terminal de ferrocarril propio o cercano, como es el caso de Vandellós I y II, Ascó I y II (Tarragona), y tal vez Cofrentes (Valencia), que suponen aproximadamente la mitad de los residuos existentes.

Los proyectos para mejorar las carreteras de acceso al Cementerio Nuclear de Villar de Cañas dan prioridad de enlace con la Nacional 420 a la altura de Villaescusa de Haro, lo cual evidencia y refuerza la opción de Záncara, entre Tomelloso y Pedro Muñoz, como punto de carga y descarga de residuos radiactivos [2]. Desde dicha Estación, y siguiendo los protocolos europeos, partirían reatas de tres camiones hasta Villar de Cañas. El tráfico suele ser nocturno, siempre escoltado por la Guardia Civil, y bajo ningún concepto deberá exceder los 45 km/hora. Sin sabotajes, averías, ni accidentes, la población a menos de 800 m. de las vías/carreteras será irradiada en mayor o menor medida.

No es la única agresión que pone en peligro la vida en este río, pero la radiactiva podría ser irreversible, debido a la naturaleza de los residuos –periodos de semidesintegración no inferiores a 5.000 años- así como a la limitada capacidad de dilución o lavado que presenta el Záncara, de caudal escaso e irregular. La extracción masiva de aguas, no siempre de forma legal, han reducido su caudal a la mínima expresión, en ocasiones para mantener una agricultura basada en productos de gran calidad como el ajo morado o los vinos varietales de las pujantes y cada vez más reputadas bodegas manchegas. Productos cuyo prestigio y comercialización puede sufrir graves e irreparables pérdidas ante la menor sospecha de filtración radiactiva a las aguas del río o el subsuelo.

El pasado mes de noviembre desde la Plataforma se alertó sobre lo sucedido con la Denominación de Origen Vitivinícola francesa Côteaux du Tricastin, cuyos caldos comenzaron a experimentar un desplome de ventas a raíz de una serie de incidentes y vertidos en el complejo nuclear de Tricastin, lo cual obligó a los bodegueros a solicitar un cambio de nombre en 2008, para intentar relanzar sus productos en el mercado [3].

Actualmente en Fukushima se están vertiendo al mar más de 300 toneladas diarias de agua radiactiva. Lo grave es que no procede de la central, sino de los arroyos y surgencias del exterior, que ha llegando a entrar en los depósitos de combustible gastado e incluso en los propios reactores siniestrados [4]. Si bien un tsunami es altamente improbable en Villar de Cañas, no lo es tanto la posible entrada de agua desde el subsuelo hasta el habitáculo para los contenedores, tal y como se pudo apreciar la pasada primavera, en que se detectaron surgencias, afloramientos [5] y encharcamientos persistentes dentro de los terrenos elegidos para ubicar el ATC. Un Záncara completamente desbordado, prácticamente bañaba los bordes de la parcela.

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Con todo, el principal riesgo de contaminación de las aguas del Záncara puede que no resida en el ATC propiamente dicho, sino en su Centro Tecnológico Asociado, donde se pretende manipular residuos radiactivos –de lo contrario no estaría justificada tal instalación- [6]. Residuos que se encuentran a 350-400 º C de temperatura, por lo que su manipulación para experimentación exige refrigeración con agua, que algún día dejará de ser convenientemente depurada y acabará envenenando el río. Sirva como ejemplo la fuga de 53 litros de agua radiactiva en 1970, en las instalaciones del CIEMAT en la Dehesa de la Villa de Madrid. Los isótopos radiactivos producidos en el pequeño reactor accidentado alcanzaron el río Tajo a través de una rambla que desaguaba en el río Manzanares, llegándose a detectar incluso hasta su desembocadura en Lisboa [7].

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